RADIO KRIMINAL

lunes, 22 de julio de 2019

Recordando a Ulises Butrón, en el día de un cumpleaños al que no llegó

Un texto que escribí cuando partió ..

Cuando lo conocí, Ulises era un chico de 19 años larguirucho y solar con un increíble nivel de devoción a la excelencia musical. Estaba completamente abierto a la vida, quería experimentarla y exprimirla y saber mas y mas. Ulises compartía con su padre (un gran guitarrista de rondallas españolas y su primer maestro, también llamado Ulises), la boca grande, la risa expansiva y la seriedad total en cuanto al instrumento. Los ojos se le achinaban de complicidad al sonreír. Era la encarnación de la palabra entusiasmo.

Ulises era un arlequín dulce y feroz que tocaba la guitarra de una manera que yo jamás había visto. La cantidad de pedales que usaba le permitía desplegar un abanico sonoro inédito para la época. Pero más allá de las infinitas posibilidades musicales, Ulises tenía un volcán adentro que pedía pista, algo del orden de la autocombustión. Ulises prendía fuego y se prendía fuego, cualquiera que lo haya escuchado tocar un solo en vivo lo sabe. Luego de varios años una tiniebla fué apagando el fuego, pero nunca perdió su talento. Ulises buscó llegar al límite hasta sangrar. Abrazó una oscuridad que cuando éramos jóvenes era solo una pequeñísima sombra. Pero mejor no hablar de ciertas cosas.

Ulises confió en mí, se entregó a nuestro proyecto por completo y elevó mi posibilidad musical a un nuevo nivel de juego. Las canciones nos surgían tan naturalmente como una conversación. Eramos el Tío y Tía. La banda nos llamaba así, Luis Alberto también. Luego nos quedó el mote. Sé que le mostré mundos simbólicos que el no conocía. El me enseñó lo que significa en idioma musical la palabra elegancia. Mientras, nos bebímos los vientos y tocamos el cielo de una época dorada. En medio de la tristeza me quedo con la alegría de haber compartido una parte tan mágica de la vida juntos.

Isabel de Sebastian
( Cantante de Metrópoli )